¿PORQUÉ NO ENTENDEMOS CUANDO HAY MUCHO RUIDO?

El proceso cognitivo de la audición tiene lugar en el cerebro y simplificadamente podríamos decir que se compone de otros cuatro procesos que trabajan de forma simultánea: reconocimiento, orientación, separación y enfoque.

Cuando se produce un sonido a nuestro alrededor gracias al balanceo del sonido es más fácil diferenciarlo y reconocerlo, dejando «más espacio libre en el cerebro» para almacenar y recordar más información.

La orientación de la dirección del sonido en relación a la posición de la cabeza se obtiene gracias dos factores importantes: el desfase de tiempo del sonido en llegar de un oído a otro (cuando un sonido te viene por un lateral tarda en llegar al oído contrario unas pocas milésimas de segundo más tarde) y la diferencia de intensidad entre oídos para un mismo sonido que se produce porque nuestra cabeza hace un efecto pantalla entre los dos oídos, así cuando un sonido llega por un lateral se percibe con menos intensidad en el oído contrario. La unión de los dos factores hacen que sepamos la dirección de donde proviene el sonido.

El contraste de los elementos sonoros de la experiencia auditiva que ya se tiene, ayuda a separar al cerebro los sonidos o voces relevantes del resto del ruido ambiental (por ejemplo cuando estamos concentrados escuchando algo y no somos conscientes del sonido que nos rodea). Por lo tanto el tener acceso a todos los sonidos, el cerebro puede elegir en qué centrarse y cuando cambiar el enfoque incluso en entornos complejos.

Cualquier alteración en alguno de estos procesos debido al ruido ambiental hace que perdamos inteligibilidad en mayor o menor medida dependiendo de la intensidad y el timbre de la voz del interlocutor. Si a esto le sumamos la pérdida auditiva en sus tipos o grados, se reduce aún más la capacidad de entender en ambientes ruidosos.

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