EL PELIGRO DE CONDUCIR DURANTE LA NOCHE

Con la llegada del verano los desplazamientos en coche se multiplican. Una gran parte de ellos se producen a primeras horas de la mañana, durante el amanecer, y otras hacia el ocaso con el fin de evitar las horas de máximo calor.

 

Cuatro de cada diez accidentes de tráfico mortales se producen tras la puesta de sol, lo que, entre otros factores, se puede atribuir al comportamiento de nuestra visión en condiciones de baja luminosidad. La oscuridad influye en nuestra agudeza visual hasta en un setenta por ciento, altera nuestra percepción de los colores y limita nuestro campo visual. De ahí la importancia de que las luces del vehículo alumbren eficazmente una zona de cien metros con las luces de carretera y de cuarenta metros con las de cruce.

 

En cuanto al deslumbramiento, los ojos se adaptan con más lentitud a los niveles de luz nocturna después de verse expuestos a una iluminación brillante. Esta pérdida temporal de la visión nocturna se puede evitar llevando gafas de sol durante el día. También hay que tener en cuenta que el intervalo de recuperación tras el deslumbramiento se va deteriorando a partir de los cuarenta años.

 

A estas condiciones normales de visión nocturna hay que sumarle todas aquellas alteraciones o enfermedades que producen una disminución de la visión. Por eso, las personas que tienen más de 65 años, padecen de glaucoma, miopía y cataratas o se han sometido a operaciones oculares recientemente deben extremar la precaución si van a conducir de noche.

 

 

 

 

 

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